
Catedral de Milán (Ciudad de Milán)
Las principales calles de Milán aparecen rodeando la bellísima Catedral de la ciudad, lo que indica la enorme importancia de este fastuoso templo. Este fue el lugar exacto donde San Ambrosio construyó su basílica en el siglo V. Cuando el fuego quemó la estructura original en 1075, fue reconstruida con el que hoy se conoce como el Duomo. Hoy en día sigue dominando el horizonte de la ciudad, con sus 135 torres y 3400 estatuas.
Es la segunda catedral más grande del mundo, y corazón de unas vacaciones en Milán. Desde el exterior vemos una Catedral enorme, con una estructura imponente, hecha de ladrillos con cantos de mármol donados por Gian Galeazzo Visconti, un rico comerciante milanés del siglo XV, que se convirtió en gobernador de Italia. El techo está cubierto de pináculos y torres coronadas con estatuas.
Si el exterior os ha impresionado, el interios es increíble. Cinco grandes puertas abiertas nos arrastran por cinco amplias naves que llevan al altar. Los ventanales que hay detrás del coro dicen que son los más grandes del mundo. En el siglo XIX, el escrito americano Mark Twain quedó tan impresionado por la belleza de la Catedral, que afirmó que no podía situarse en segundo lugar tras la Basílica de San Pedro de Roma.
No perdáis la oportunidad de subir hasta el techo y maravillaros ante las torres góticas y sus esculturas, tomando espectacules vistas de Milan. Se puede subir por las escaleras de la zona norte, o pagar para subir en ascensor. También podemos acercarnos a las excavaciones que hay bajo la Catedral, que han revelzado partes de la antigua basílica de San Ambrosio, donde se dice que fue bautizado su alumno San Agustín.